8 de marzo de 2017

Arturo Pérez-Reverte sobre la mujer (Día internacional de la mujer)



Un pequeñísimo extracto de varias entrevistas realizadas al escritor Arturo Pérez-Reverte.





Arturo Pérez-Reverte entrevistado por MujerCountry en junio de 2013


La mujer de ahora –Ana Karenina y Madame Bovary de hecho ya no existen– hace frente a nuevos desafíos sin dejar de ser lo que era. La mujer es una cosa nueva y trabaja, se enfrenta a la vida, compite con el mundo, tiene un nuevo desafío vital al que hacer frente, pero también tiene las marcas del pasado, es la mujer del futuro sin dejar de ser la de antes. Esto la somete a tensiones complejísimas de las que no siempre el varón es consciente. Hay conflictos nuevos, personajes literarios nuevos porque esa mujer antes no existía. Se da lugar a una ética femenina que nada tiene que ver con lo que era la masculina. Entonces, la mujer es la que puede aportar más novedad literariamente, es un personaje más prometedor y más apasionado. Me interesa la mujer que tiene un trabajo entre hombres, que tiene un hijo en casa y un amante, y me interesan los conflictos que debe enfrentar. La mujer como héroe me interesa, es el único héroe posible en el siglo XXI.


Arturo Pérez-Reverte, entrevistado por La Tercera, mayo de 2013


Ahora, la mujer me interesa mucho narrativamente hablando. He descubierto que en ella hay posibilidades narrativas mucho más interesantes que en los hombres. Una novela sin una mujer es una novela que sería reiterativa y tópica. La mujer es la única posibilidad que tenemos de escribir una novela con cosas nuevas, porque tengo la certeza de que en este momento la mujer es el único héroe posible, el único héroe interesante que queda



Arturo Pérez-Reverte, entrevistado en El País de la Comunidad Valenciana, junio de 2002


La mujer es, pues, 'el último gran héroe épico' que queda en la actualidad, porque vive en la 'frontera difusa y se debate entre ser mujer y lo que le pedimos que sea en el mundo actual', y no renuncia a los hijos, por ejemplo, teniendo al mismo tiempo que competir con los hombres.



Arturo Pérez-Reverte en un encuentro en Sevilla titulado “Mujeres y libro”, acompañado de Rafael de Cózar y Juan Eslava Galán, mayo de 2010


La mujer es el héroe moderno, el Ulises moderno por excelencia (,…) el héroe literario es la mujer pues lucha en un mundo de hombres



Arturo Pérez-Reverte durante la presentación de la novela “El puente de los asesinos”, octubre de 2011



El único héroe literario que puede dar sorpresas interesantes en el siglo XXI es la mujer (…) Mis mujeres son siempre feministas de verdad, y siguen teniendo su papel tradicional a la vez que se enfrentan a sus nuevas tareas. Por eso a veces son más crueles que los hombres.


Arturo Pérez-Reverte, entrevistado en El Tribuno, mayo de 2013


Me gusta mucho el ajedrez. Creo que es lo que mejor simboliza la vida. Hay gente que va a la Iglesia a rezar, yo voy al ajedrez, cada uno tiene su manera de montarse la vida. El tango también es ajedrez. El rey, que aparentemente es el más poderoso, solo se mueve una casilla en cada dirección, es muy limitado, débil, vulnerable, necesita protección continua. Mientras que la reina, que es aparentemente débil, es la más poderosa del tablero. Entonces, cuando veo bailar el tango -y he visto mucho a partir de escribir esta novela- he llegado a la conclusión de que el tango es un ajedrez que la mujer teje en torno al hombre. El hombre está todo bacán, pero si te fijas, la fuerte en ese proceso de seducción es la mujer. Y si asociás con la vida, cuando un hombre se siente mal de la próstata ¿quién lo lleva al médico? Su mujer. Cuando una mujer tiene un bulto en el pecho, no se lo dice ni a su mejor amiga y va sola al médico. Esa diferencia, esa fortaleza moral, esa capacidad de hacerle frente a la realidad de la vida con mucha más entereza que el hombre porque está más cerca de la vida, por razones biológicas, esa intensidad intelectual y física, esa curiosidad porque la mujer es más lectora que el hombre, ella necesita empaparse de mundo. Entonces el tango es uno de los símbolos que he elegido para contar eso: esa falsa idea de la mujer y esa falsa superioridad del hombre.



(…)


El hombre como héroe de novelas está exprimido como un limón de paella, no queda nada, ya se ha contado todo. Pero en la mujer hay un aspecto muy interesante. Madame Bovary o Anna Karenina ya no existen, eso se ha terminado. La mujer ahora, por razones históricas y sociales afortunadas, hace frente a nuevos desafíos. Pero al mismo tiempo no ha dejado de ser lo que era. Hablo del mundo occidental moderno. La mujer trabaja, se enfrenta a la vida, tiene un nuevo desafío vital al que hacer frente, pero al mismo tiempo no ha dejado de ser lo que ha sido durante siglos, porque el instinto, la educación, no se borran con una ni dos ni tres generaciones siquiera. La mujer se encuentra con una esquizofrenia muy peligrosa: es la mujer del futuro y no ha dejado de ser la mujer del pasado y eso la somete a unas tensiones violentísimas, complejísimas de las que no siempre el varón es consciente. Eso está dando lugar a conflictos nuevos, a personajes literarios que nunca se habían escrito porque esa mujer no existía, está dando lugar a una épica femenina que nada tiene que ver con lo que era la épica clásica masculina. La mujer es lo que, en este momento, puede aportar más novedad literariamente. Narrativamente es el personaje más prometedor y más apasionante. En mis novelas, sin darme cuenta, me he ido acercando más a ese enigma, porque me interesa mucho más la mujer, pero la mujer de ahora, que tiene un trabajo entre hombres, que tiene un hijo en casa, que tiene un amante, los conflictos de esa mujer me interesan muchísimo. Y la literatura es una forma de afrontarlos, estudiarlos, comprenderlos o utilizarlos.


(…)


La mujer como héroe me interesa muchísimo, creo que es el único héroe posible en el siglo XXI. Hay otro aspecto paralelo a eso: los hombres hemos estado construyéndonos consuelos, analgésicos, reductos donde refugiarnos del fracaso, del dolor y la realidad de la vida durante muchísimos siglos: el sexo, la amistad, el bar de la esquina, el fútbol, el burdel. La mujer no ha tenido esa capacidad de crease sus trincheras, entonces es mucho más consciente del estrago de que el ser humano está solo, de que muchas veces el fracaso no tiene segunda oportunidad. La mujer es mucho más consciente de que el mundo es un lugar hostil y peligroso. Conozco muy pocas mujeres de más de 40 años que no estén solas. No digo físicamente, a lo mejor están casadas, con hijos, pero están intelectualmente solas. Eso es algo muy significativo que hace que la mujer sea un animal muy complejo. Por ejemplo, para detener un reloj el hombre le da un golpe, la mujer lo analiza, desmonta pieza por pieza. Eso crea un montón de posibilidades narrativas que hace que cualquier escritor con buena voluntad encuentre un giro muy interesante.


Entrevista de Victoria Prego (publicada en El Semanal, el 26 de marzo del 2000)


Éste es un libro de mar, de huidas, de fracasos, de códigos, de retos y del poder de la mujer. ¿Tan inmenso te parece ese poder?
Más que eso, lo que yo diría es que la mujer es la clave. Ésa es la única tentación de verdad intelectual, aparte de la física, a partir de cierta edad.

¿Puede explicar de qué tentación intelectual está hablando?
Claro, es que para eso he escrito la novela y, así, en dos palabras... Pero es que hay preguntas sobre el mundo: ¿por qué esto es así o es asá; o por qué los hombres nacen, crecen, mueren; por qué matan, por qué hay lujuria, ambición; por qué el dinero es lo que es, por qué existe el sexo y un montón de cosas? Y de pronto uno se da cuenta de que todas esas respuestas, si uno tiene delante a la mujer adecuada (y de hecho casi toda mujer puede ser la adecuada si uno sabe mirarla) porque están todas en ella. Uno se pone a mirar, y toca, y escucha, oye, siente, huele... Y se da cuenta de que todo está ahí: en la mano, en las uñas, en la voz, en el sonido, en el sudor, en la saliva, en los ojos, y comprendes que todas esas cosas tienen su explicación. Es como una especie de enciclopedia, ¿entiendes? O al menos yo lo veo así. Por eso hablo de tentación intelectual. Si tienes la suerte de acercarte lo bastante a la mujer que representa todas esas cosas, y hablo de una cría de diez años o una anciana de 60, (no hablo de una mujer atractiva, hablo de la mujer, mi madre, mi hija, mi vecina), te das cuenta de que hay cantidad de cosas que entiendes sobre ti mismo. Miedos, soledades...

¿Cuándo y cómo se ha dado cuenta de todo eso?
Con el tiempo. Todo empezó cuando empecé a observar a mi hija. Aquí si puedo hablar de mi hija, porque es verdad. Y me di cuenta de que mi hija tenía comportamientos, actitudes y palabras que no había tenido tiempo de aprender. Había cosas que no había vivido todavía y sin embargo ya las tenía. Y pensé: vamos a ver, si todavía nadie la ha engañado, nadie la ha mentido, nadie la ha besado todavía; si no conoce a ningún hombre, ¿cómo es posible que ya sepa esas cosas? Pero es que eso no venía de su aprendizaje, es que estaba en su memoria genética. Y ese día para mí fue muy importante, porque descubrí que la mujer es portadora de una serie de informaciones.

¿En mayor medida que los varones?
Sí. El hombre no tuvo tiempo de eso. El hombre es el origen de buena parte de esa información, la mujer es la receptora y la analista de esa información. El hombre es demasiado estúpido, y no es que yo quiera congraciarme con las mujeres, de verdad. Es demasiado simple en cuanto a sus planteamientos: el hombre se va al fútbol o se iba a Troya. El hombre habla en voz alta, golpea, impone. El hombre es genéticamente fuerte, y eso ha limitado sus necesidades, mientras que la mujer ha sido débil. Por eso las mujeres se han limitado a quedarse mirando. Las mujeres han mirado durante siglos, y eso enseña mucho. En realidad lo importante es entender el mundo. Para mí, el desafío es asumir el mundo de forma que el mundo no te duela. Porque el mundo es muy hijo de puta, muy perro, y lo difícil es que el mundo no te duela, insertarte en él y que eso no chirrie. Formar parte de ese mundo y moverte con él hasta que desaparezcas de forma natural.

¿No aspira a transformarlo, como todos los hombres?
No, no, no. Yo a lo que aspiro es a integrarme en él, a que siga girando conmigo y no me duela. Tampoco aspiro a comprenderlo, porque el mundo es incomprensible. Y en ese proceso de asumir que el mundo es como es, que el dolor, el horror y la mierda son tan del mundo como la felicidad, la alegría o la gloria, aspiro a esa serenidad que da la lucidez. Y esa lucidez es la mujer.

También hay mujeres estúpidas.
Pero hasta las estúpidas tienen también su información, también son poderosas. La impotencia del hombre es que únicamente puede acercarse para generar. Ella recibe y da. Él no recibe, él se acerca, entra, siembra y luego se retira y se vuelve a cazar, o a lo que sea: a Troya o al fútbol. Pero la mujer es receptáculo, vivero, fábrica, Y eso produce un proceso mental durante siglos y siglos tan depurado, que te encuentras de pronto con auténticas maravillas de decantación genética femenina. Y entonces, cuando por alguna razón la vida te pone junto a una mujer de esas que son, digamos, productos depurados de su especie, es tan extraordinario lo que hay ahí, la información, las claves, el contenido, que yo me quedo espantado.

¿Las ha visto?
Las he visto.

¿Muchas?
Muchas o pocas, eso es lo de menos. Pero las he visto y las veo. Las conozco.