Tratado ibérico del hijoputismo. Patente de corso, la obra de teatro, finaliza sus representaciones en Madrid

¿Quiere ser usted un hijodeputa o un HIJO-DE-PUTA? Quizá no ve la diferencia, pero debería verla. Alfonso Sánchez y Alberto López proponen en Patente de Corso un tratado ibérico del hijoputismo, el que define todas las letras, escupiendo la “a” al finalizar.

Escupen ambos actores, soberbios en este trabajo, los artículos de Arturo Pérez-Reverte, hilados gracias al trabajo de adaptación de Ana Graciani que ha conseguido de las patentes de corso que se publican periódicamente en XL Semanal una obra compacta, divertida y crítica.



Escupen Alfonso y Alberto una crítica constante a la corrupción, a las puertas giratorias, a las tarjetas black, al enchufismo,… interpretando ambos dos personajes simbólicos del español de a pie. Quijote y Sancho Panza, Lázaro de Tormes y el ciego,… Un pícaro y un blando, un jeta y un sieso, …un hombre que se aprovecha de otro que por seguir lo establecido se ha convertido en una marioneta del poder, de la prima de riesgo, de Angela Merkel, de los viajes “de placer” a Tenerife, o de los sobres de muchos de nuestros políticos.


En la línea disparatada de humor que ya en su día popularizaron Tony Leblanc o Chiquito de la Calzada (ambos reciben su homenaje durante la puesta en escena) los dos jóvenes intérpretes muestran su versatilidad actoral. Un inmenso trabajo previo de voz, cuerpo y circunstancias que consigue que veamos continuamente a Mariano y a Luciano, y que, a la vez, en cada frase que enuncian dejemos de verlos a ellos para vernos a nosotros mismos.


Y así, hacen un recorrido desde las patentes más emotivas del escritor cartagenero, “La risa de las ratas”, “El caballo de cartón”, “Nadie dijo que fuera fácil”, “La última aventura de Pepe el Muelas”a las más desternillantes como “El psicólogo de la mutua”, “Turistas que merecemos”, “Megapuertos y pijoyates”, “El IVA de las lumis”, pasando por algunas de las más paradigmáticas “Hombres como los de antes”, “Caín y Abel”, “Los amos del mundo”, “Patente de corso”, “Mujeres de armas tomar” o “Somos feos”.


Es esta la segunda oportunidad que he tenido de ver esta obra en escena. Y en ambas ocasiones me ha embargado al finalizar una sensación agridulce, una mezcla de felicidad e indignación y tristeza. Felicidad porque el humor y la carcajada acompañan cada una de las frases de la representación. Tristeza porque en realidad es una obra muy necesaria, como son las patentes de Arturo Pérez-Reverte: críticas, sociales, necesarias.

Zarparon ayer los piratas desde el Teatro Marquina... con rumbo desconocido. Espero que Alfonso y Alberto sigan siendo aspirantes a corsario muchas temporadas más.

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