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"Sobre océanos y libros", conferencia de Arturo Pérez- Reverte (10 de junio de 2014)


“No soy un marino profesional, sólo alguien vinculado al mar y a la navegación desde niño y que a menudo escribo sobre él”.

Así comenzaba el pasado martes la Conferencia magistral que con motivo del Centenario del Instituto Español de Oceanografía impartió en los jardines Cecilio Rodríguez de Madrid ante un público expectante y entusiasmado (oficiales, altezas reales, representantes del mundo cultural y político, prensa y oceanófilos). El panorama pintaba complicado, pues su intervención duraba veinte minutos - murmuraba la prensa- y empecé a pensar que quién me mandaba montar la que he montado para poder acceder al recinto, convencer para que me acompañasen, diseñar una coartada jugosa y contundente en el trabajo y preparar a conciencia el estilismo. Crucé los dedos para que la charla no fuera “más de lo mismo”, el discurso habitual como aficionado al mar que tiene Arturo.

“Tuve la suerte de nacer en una casa con biblioteca grande”, frase que hemos escuchado en infinidad de ocasiones a Arturo y que marca un poco el tono y el contenido de una charla que a mi parecer fue memorable. Evocó los años 50, unos años sin televisión en los que los niños se entretenían jugando con caballitos de mar, una infancia marcada por las peripecias de un familiar marino mercante y los paseos por el puerto viendo barcos amarrados, tabernas y marinos como Paco el Piloto. Rememoró noches de luna llena junto al Piloto en el puerto y navegando, con catorce años, viviendo aventuras insólitas para un niño de su edad.

Acto seguido fue contundente al afirmar que la clave de todo está en las bibliotecas y en el mar, donde puede encontrar respuestas a las preguntas que todo el mundo se formula.

Explicó el golpe de fortuna que supuso para él el tener con 8 años una gran biblioteca como regalo de Primera Comunión, títulos que aún conserva o recuerda: Moby Dick, Capitanes Intrépidos, La Isla del Tesoro, El Corsario Negro, Arturo Gordon Pin, 20.000 leguas de viaje submarino, etc.

Habló de las sensaciones que le produce navegar, la sensación de estar en territorio conocido, en un hogar. Habló también de la compañía que en su vida ha supuesto Moby Dick, que siempre lleva a bordo y que con el tiempo ha logrado zambullirse en todos sus vericuetos (cita inicial de la obra).

Acto seguido hizo hincapié otros títulos relacionados con el mar, más adultas (Paternain, etc.)

Mención especial a su hija Carlota, como firme defensora de los animales marinos, aquella vieja historia de su niña nadando con delfines. Estuvo un rato hablando de esta anécdota, explicándola con gran detallismo para estupefacción de los allí presentes (pelos como escarpias, en mi caso), más que una narración parecía un relato marino, muchísimos matices al describir el mar, el velero, a su hija, los delfines,…

Joseph Conrad se apoderó momentáneamente de su discurso, referencia literaria y personal, novelas, recuerdos,… maquetas de navíos, catalejos, huesos de ballena, retrato de Conrad, cartas náuticas, de navegación, fotografías,… navegan a sus anchas por el espacio personal del autor.

Sentidas palabras a los marinos que hicieron esto posible como Odón de Buen, fundador del IEO.

Libros, océanos, recuerdos, en la mochila y como base para escribir. Cita sus novelas marinas (Corsarios, Los barcos se pierden en tierra, La carta esférica) y luego a “El cazador de barcos” que resume la certeza del buen marino: “En el mar puedes hacerlo todo bien y aun así te matará”.

“Soy un marino lector que accidentalmente escribe”, continuó Arturo, titular de una entrevista que hace años leímos en El País.

Terminó su Conferencia leyendo (saltando alguna frase) una patente publicada hace años: “El crío del salabre”


“Nadie navega impunemente por las bibliotecas ni por la vida”

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