Fracatán de tirabuzones. Prólogo de Arturo Pérez-Reverte

PRÓLOGO DEL LIBRO “FRACATÁN DE TIRABUZONES”, publicado por Alfaguara:
Salvador Tió era un hombre honrado, un luchador y un caballero. Amaba su lengua y su memoria más que ninguna otra cosa en el mundo, y les fue fiel hasta el final. Creía en la libertad, en las batallas difíciles que uno libra hasta el sacrificio para que las ganen otras generaciones. Creía, sobre todo, en las reservas morales que permiten a un pueblo aborrecer la entrega y la sumisión, resistir con la razón y no sólo con el corazón o los redaños, y mantenerse tan equidistante de la vileza derrota por igual la fuerza amparada en la ley como la fuerza amparada en la ley como la fuerza sin el freno de la ley. No creía en otra arma que la democracia, ni en otra raza que la cultura. Y tenía la certeza de que la lengua, el español que hablaba y escribía, y que tanto amó toda la vida, era el más eficaz y noble argumento para defender a su querido Puerto Rico. Su identidad y su memoria. Su presente y su futuro.
La casta de hidalgo de Salvador Tió, en el sentido amplio y generoso del término quedó probada cada una de las innumerables veces en que desenfundó la espada para defender su lengua: esa cultura que, en el fondo, es la única y verdadera patria, o la única razón noble sobre la que puede asentarse la palabra patria. Entendida ésta como plaza común, como foro donde muchos pueblos y muchos siglos y muchas gentes se encontraron, convivieron y llegaron a tejer el territorio fascinante de una memoria. Y hablo de español, y no de castellano. De abarcar, y no de excluir. Hablo de hispanoamericano abierto a la transformación a la vida, y no de un inmóvil baluarte encastillado en su propia tumba. Hablo de vida rica en evolución continua, desprendiéndose de la ganga y la basura, y apropiándose aquí y allá, sin el menor complejo, de todo lo que la haga vivir y transformarse en futuro.
En este contexto se inserta este Fracatán de tirabuzones. En la lucidez y el humor, en la ironía y la rapidez, en la cultura y en la memoria. Porque el tirabuzón de Salvador Tió no es sino la estocada rápida, certera, que una lengua viva, hermosa y secular, una lengua de limpia ejecutoria, asesta en el centro mismo de lo cotidiano, de la reflexión, de los objetos y de los seres. El tirabuzón es digno descendiente de las fintas, los ángulos, la esgrima perfecta que los maestros del Siglo de Oro, Quevedo, Gracián, Lope, Cervantes, fijaron en tratados magistrales que todavía siguen vigentes. Es un juego, un relámpago breve, y un actor solemne al mismo tiempo: lo mismo arranca la sonrisa que pone en marcha efectos dominó de insospechadas consecuencias. Y lo más singular resulta evidente: en realidad Salvador Tió no crea tirabuzones, ni los planifica, ni los inventa. Son ellos quienes lo eligen a él, del mismo modo que las mujeres hermosas eligen al hombre destinatario de su sonrisa. No hay artificio en estas páginas, porque en tan corta distancia el artificio es imposible. Y en buena esgrima, tanto de acero como de palabras, lo simple es inspiración y lo complejo es sólo es técnica.
Por eso los invito a disfrutar de este Fracatán de tirabuzones, felizmente rescatado para esa lengua y esa patria o territorio común que compartimos. En un Puerto Rico que sigue aportando una cuota heroica en la defensa español – cada uno tiene la lengua que se merece - , toda la obra de Salvador Tió merece respeto e iniciativas que espanten el olvido. Así, confío en que esta botella, de nuevo dé vuelta al mar del Caribe y Latinoamérica, lleve sus mensajes a las muchas manos que también ella merece.
Extraído de la revista ESCENARIO. San Juan, Puerto Rico. 16 de febrero de 2002
Más información sobre Salvador Tió: http://dev.salvadortio.com/

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